sábado, 7 de febrero de 2015

III.

Quién quizá recordará
aquellos momentos en que la lluvia disimulaba las goteras de un alma
que sin compasión
sembraban un caos en quien las sufría
porque no había peor sentimiento
que guardarse el dolor
el continuar como si nada
el corroerte el corazón sin si quiera darte cuenta
y llegados a un punto culminante
derramar con más ganas
las lágrimas
que consigo el desespero llevaban
y que cuando al fin cesaban
dejaban una amarga agonía
que seguía rellenando los huecos que del espíritu se quedaban vacíos
con más insatisfacción y sufrimiento
pero dejando en el cuerpo
al menos
un poco de vida aún
que servía y servirá
para que los días sigan su curso
y esos momentos
se repitan
de nuevo.
Y aunque no queramos
ni nos queden fuerzas para hacerlo
sabemos que una sonrisa en la cara
es el más fuerte de los escudos
porque es mucho más fuerte que cualquier cosa que
se nos cruce
por delante.

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